¿Cuál fue el mayor error de Einstein? La constante cosmológica

En 1956, el físico George Gamow publicó un artículo en Scientific American sobre el origen del universo. En medio del texto dejó caer una anécdota: Einstein le había dicho, años atrás, que la idea de la repulsión cósmica había sido el mayor error de su vida. Gamow la repitió en su autobiografía de 1970, y desde entonces la frase no ha parado de circular.
Hoy la encuentras en videos de un minuto y en publicaciones que se contradicen entre sí. Unas dicen que Einstein se equivocó. Otras, que en realidad tenía razón. Nicolás Leos Acosta, un lector del blog desde Sabinas, Coahuila, me escribió justo por eso: lo ha visto en varias publicaciones, no lo termina de entender y quiere saber si es cierto o falso.
¿Cuál fue el error de Einstein, y fue de verdad un error?
La respuesta corta: Einstein sí se equivocó, pero no donde dice la frase famosa.
¿Qué intentaba explicar Einstein en 1917?
Einstein intentaba describir el universo entero con su teoría de la gravedad. Había un problema: la gravedad solo atrae, así que un universo lleno de estrellas debería caerse sobre sí mismo.
Poco más de un año antes había terminado la relatividad general. La idea central es que la masa curva el espacio y el tiempo, y que esa curvatura le dice a las cosas cómo moverse. Funcionaba de maravilla para el Sol y los planetas. En febrero de 1917 dio el paso más ambicioso posible: aplicarla al cosmos completo.
En ese momento nadie había demostrado que existieran otras galaxias. Para casi todos los astrónomos, la Vía Láctea era el universo, y sus estrellas se movían poco. Lo razonable era suponer un universo estático: siempre igual de grande y sin principio ni final.
Pero la gravedad no deja quieto nada. Piensa en una pelota que lanzas hacia arriba: sube, se frena y cae. Lo que no hace nunca es quedarse flotando a dos metros del suelo. Un universo lleno de materia es como esa pelota. Puede crecer o encogerse, pero no detenerse sin más.
¿Qué es la constante cosmológica?
La constante cosmológica es un término que Einstein añadió a sus ecuaciones para frenar ese colapso. Funciona como una repulsión suave del propio espacio. Casi no se nota entre objetos cercanos y crece con la distancia. Se escribe con la letra griega lambda (Λ). No hay que confundirla con G, la constante que mide cuánto se atraen dos masas y que llevamos 228 años intentando medir bien.
Las matemáticas de la relatividad lo permitían. El término encajaba en las ecuaciones sin romper nada, como una pieza que el diseño original ya dejaba prevista. Einstein escogió su valor con precisión: justo el necesario para que la repulsión compensara la atracción de toda la materia. Con eso, el universo quedaba en equilibrio, quieto para siempre.
Es como cuando dos personas tiran de una cuerda con exactamente la misma fuerza: la cuerda no se mueve. Sobre el papel, el problema estaba resuelto.
El propio Einstein no parecía muy contento con el arreglo. En el artículo de 1917 admite que el término solo hacía falta para permitir que la materia estuviera quieta. Era un añadido para sostener una suposición, no una consecuencia de la teoría.
Y ahí estaba la trampa, aunque tardó años en verse. Ese equilibrio es como el de un lápiz parado sobre la punta.
¿Dónde estuvo el error de verdad?
El error de fondo no fue añadir la constante. Fue no ver que ese universo en equilibrio era inestable, y resistirse durante años a la idea de un universo que cambia.
Vuelve al lápiz. Si lo paras sobre la punta con una precisión perfecta, en teoría se queda de pie. Pero basta un soplo para que caiga, y cuanto más se inclina, más rápido cae. El universo de Einstein era igual. Si el universo se encogía un poco, la materia quedaba más apretada, la atracción ganaba y se encogía más. Si se estiraba un poco, la repulsión ganaba y se estiraba más. Un universo así no puede quedarse quieto. El británico Arthur Eddington lo demostró en 1930, pero para entonces la pista ya llevaba años sobre la mesa.
Otros habían leído las ecuaciones sin el prejuicio de la quietud. En 1922, el ruso Alexander Friedmann encontró soluciones en las que el universo se expande o se contrae. Einstein publicó una nota diciendo que el cálculo de Friedmann estaba mal. Friedmann le insistió por carta, y al año siguiente Einstein se retractó: el error de cálculo era suyo. Friedmann murió en 1925, con 37 años, sin ver confirmada su idea.
En 1927, el sacerdote y físico belga Georges Lemaître llegó por su cuenta a un universo en expansión, y además lo comparó con datos de galaxias. Según contó Lemaître años después, Einstein le dijo que sus cálculos eran correctos, pero que su física era abominable.
Me interesa detenerme aquí, porque creo que es la parte más humana de la historia. Las matemáticas le estaban diciendo a Einstein que el universo no podía estar quieto. Él tenía la herramienta para predecir la expansión más de una década antes de que Hubble publicara la relación que la delataba, y no la usó. Hay que ser justos: en 1917, todo lo que se sabía del cielo apuntaba a la quietud. Pero cuando otros le mostraron que sus propias ecuaciones decían otra cosa, se resistió.
En 1929, Edwin Hubble publicó la relación que lo cambió todo: cuanto más lejos está una galaxia, más rápido se aleja de nosotros. En 1931, tras visitar California y conversar con los astrónomos de allí, Einstein publicó un modelo del universo en expansión y quitó la constante, que ya no hacía falta. En 1945, en una reedición de su libro sobre la relatividad, fue más lejos: dijo que si la expansión se hubiera conocido a tiempo, el término nunca se habría introducido.
Hay un detalle más, descubierto hace poco. En 2014, el físico irlandés Cormac O'Raifeartaigh y sus colegas dieron a conocer un manuscrito olvidado en el archivo de Einstein en Jerusalén. Es de principios de 1931 y muestra a Einstein intentando una última vez un universo que se expande sin cambiar de aspecto, creando materia nueva para llenar los huecos. Era otra manera de esquivar un universo con historia. El modelo tenía un error de cálculo, él lo notó y lo abandonó sin publicarlo.
¿Por qué volvió la constante cosmológica?
La constante volvió en 1998, y por la puerta grande. Dos equipos de astrónomos midieron explosiones de estrellas muy lejanas y encontraron algo que nadie esperaba: la expansión del universo se está acelerando.
Para entenderlo, imagina una masa de pan con pasas que se está inflando en el horno. Cada pasa se aleja de las demás, y las más lejanas se alejan más rápido, porque entre ellas hay más masa que crece. Eso es la expansión de Hubble. Ahora bien, todos esperaban que la gravedad de las galaxias frenara poco a poco ese inflado. Lo que encontraron fue lo contrario: el pan se infla cada vez más deprisa. Si te parece raro, no estás solo: a los propios astrónomos les costó creerlo.
Las supernovas lejanas brillaban menos de lo esperado, es decir, estaban más lejos de lo que debían. Por ese hallazgo, Saul Perlmutter, Brian Schmidt y Adam Riess recibieron el Premio Nobel de Física de 2011.
¿Qué empuja esa aceleración? La explicación más simple es justo la constante de Einstein: una repulsión que viene del propio espacio vacío. Hoy se le llama energía oscura. Según las mediciones del satélite Planck de la Agencia Espacial Europea, es cerca del 68 % de todo lo que contiene el universo. El modelo estándar de la cosmología lleva la letra de esa constante en el nombre: se llama Lambda-CDM (las siglas en inglés de «materia oscura fría», el otro gran ingrediente que no vemos).
La herramienta era buena, la razón para usarla estaba equivocada. Einstein la puso para dejar quieto un universo que no lo está. Volvió para explicar un universo que se acelera, algo que en 1917 nadie imaginaba.
¿Dijo Einstein de verdad «mi mayor error»?
Probablemente dijo algo parecido, pero no lo dejó por escrito. La frase exacta solo la conocemos por Gamow, y a Gamow le encantaban las bromas. En 1948 puso a Hans Bethe como coautor de un artículo en el que Bethe no había trabajado, solo para que los apellidos sonaran como alfa, beta, gamma.
En 2013, el astrofísico Mario Livio dedicó parte de su libro Brilliant Blunders a buscar la frase en los escritos de Einstein, y no la encontró. Concluyó que Einstein probablemente nunca la dijo así. En 2018, O'Raifeartaigh revisó el caso en Physics Today y llegó a la conclusión opuesta. John Wheeler, uno de los grandes físicos del siglo XX, contó que oyó a Einstein decir algo así en Princeton. Ralph Alpher, colaborador de Gamow, recordaba que Einstein usó la palabra «error» para hablar de aquella constante.
Me parece que lo justo es esto: Einstein sí se arrepintió del término, eso consta en lo que escribió en 1931 y en 1945. Lo de «el mayor error de mi vida», con esas palabras, es un recuerdo de segunda mano. Y aquí la respuesta para Nicolás: es cierto que Einstein lo consideró un error, y falso que lo fuera en el sentido en que se repite.
¿Qué sigue sin resolverse?
Nadie sabe qué es la energía oscura. Que la constante de Einstein describa bien los datos no quiere decir que sepamos de dónde sale.
La física cuántica dice que el espacio vacío debería tener energía propia, y esa energía haría exactamente lo que hace la constante cosmológica. El problema es el tamaño. El cálculo más directo da un valor que supera al medido por un factor con entre 60 y 120 ceros, según cómo se haga la cuenta. Es como si pesaras una manzana y la báscula marcara más que todas las galaxias juntas. Hay físicos que lo llaman la peor predicción de la historia de la física.
La otra pregunta abierta es si la energía oscura es de verdad constante. En 2025, el instrumento DESI, instalado en un telescopio de Arizona para mapear millones de galaxias, encontró indicios de que podría estar debilitándose con el tiempo, con una confianza de entre 2,8 y 4,2 sigma según la combinación de datos. Si no sabes qué es un sigma, lo expliqué en ¿cuándo un hallazgo es un descubrimiento?: por debajo de 5, la física no se atreve a hablar de descubrimiento.
Y en julio de 2026, un nuevo análisis del mismo equipo se acercó otra vez a la constante de Einstein. El propio DESI dice que los indicios podrían desvanecerse, o que hará falta un modelo más complicado.
Cómo leer una frase de Einstein en redes
Einstein es uno de los personajes a los que más frases se les atribuyen en internet, y muchas nunca las dijo. Tres preguntas que puedes hacerte antes de compartir una:
- ¿Dónde lo escribió o lo dijo? Una cita seria trae libro, carta o artículo con año. Si solo trae una foto suya, desconfía.
- ¿Quién lo cuenta? No es lo mismo un texto de Einstein que el recuerdo de otra persona décadas después.
- ¿Suena demasiado redonda? Las frases perfectas para una imagen suelen ser las más retocadas. «El mayor error de mi vida» es un buen ejemplo.
De Friedmann a Nicolás
Esta historia suele contarse como la de un genio que se equivocó. A mí me gusta más contarla como la de mucha gente que se atrevió a llevarle la contraria a la idea más cómoda de su época.
Friedmann, que le sostuvo a Einstein que sus ecuaciones estaban bien y murió antes de ver que tenía razón. Lemaître, que publicó su universo en expansión en una revista belga que casi nadie leía. Milton Humason, que dejó la escuela a los 14 años, empezó en el observatorio de Monte Wilson guiando mulas cargadas y terminó midiendo con Hubble la velocidad de las galaxias. Los equipos de Perlmutter, Schmidt y Riess, que buscaban medir el frenado del universo y encontraron lo contrario. Y el propio Einstein, que al final cambió de opinión ante los datos, que es lo más difícil de hacer.
Y Nicolás, en Sabinas, que vio una frase repetida en varias publicaciones y en vez de compartirla preguntó si era cierta. Así empieza la ciencia: con alguien que no se conforma con la frase hecha.
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