¿Se puede predecir la economía? El Nobel de Economía 2026

El lunes 12 de octubre, la Real Academia Sueca de Ciencias anunció el Nobel de Economía 2026. Lo ganaron dos estadounidenses: Robert E. Hall, de la Universidad de Stanford, y Michael Woodford, de la Universidad de Columbia. El premio, de 12 millones de coronas suecas, se reparte por partes iguales.
La razón oficial suena a trabalenguas: "por los fundamentos microeconómicos de la estabilización macroeconómica". Traducido, quiere decir algo así: construyeron los modelos de la economía de un país a partir de cómo deciden las personas y las empresas, y con esos modelos los bancos centrales aprendieron a responder mejor a las crisis. Según el presidente del comité, John Hassler, hoy esos modelos son la base de los que usan bancos centrales y gobiernos en todo el mundo.
Cuando leí la noticia me llamó la atención algo que no salía en los titulares. Varias de las ideas de este premio son física disfrazada de economía.
La pregunta es esta: ¿se puede predecir la economía, y qué tiene que ver la física con eso?
¿Qué es la macroeconomía y por qué es tan difícil?
La economía se estudia en dos tamaños. La microeconomía mira decisiones individuales: cuánto gasta una familia, a qué precio vende una tienda. La macroeconomía mira el país entero: la inflación, el desempleo, cuánto crece la producción.
El problema es unir los dos tamaños. Durante décadas, muchos modelos macroeconómicos se armaban buscando relaciones estadísticas entre grandes cifras, del tipo "cuando el desempleo baja, la inflación suele subir". Funcionaban, hasta que dejaban de funcionar. En los años setenta, varias de esas relaciones se rompieron justo cuando más se necesitaban.
Piénsalo como predecir el tráfico de tu ciudad solo con promedios de años anteriores. Sirve en un martes normal. Pero si cambias los semáforos o abres una vía nueva, la gente cambia de ruta y tu promedio ya no dice nada. Para predecir bien, tienes que entender cómo decide cada conductor.
Eso es lo que este premio celebra: construir la economía desde las decisiones de abajo.
¿Por qué tu gasto es un paseo aleatorio?
En 1978, Robert Hall publicó un artículo con una idea que me parece de una sencillez hermosa. Partió de algo que había propuesto antes Milton Friedman: la gente no gasta según lo que gana este mes, sino según lo que espera ganar a lo largo de su vida. Si te suben el sueldo de manera permanente, gastas más; si te llega una prima de una sola vez, la estiras.
Hall agregó una suposición fuerte: que la gente usa toda la información que tiene para planear. Y sacó una consecuencia sorprendente. Si ya planeaste con todo lo que sabías, lo único que puede hacerte cambiar de plan es algo que no sabías: una sorpresa. Por eso, el mejor pronóstico de lo que gastarás el próximo mes es lo que gastas este mes. Los cambios, hacia arriba o hacia abajo, son impredecibles.
En matemáticas eso tiene nombre: paseo aleatorio. Imagina a alguien que da un paso cada segundo y lanza una moneda para decidir si va a la izquierda o a la derecha. Sabes dónde está ahora, pero no hacia dónde dará el próximo paso.
Y aquí entra la física. Esa misma matemática describe el movimiento browniano: el temblor de las partículas diminutas que salen de los granos de polen en el agua, que el botánico Robert Brown vio al microscopio en 1827. Cada partícula tiembla porque lo golpean millones de moléculas de agua que no vemos. Einstein lo explicó en 1905. Pero cinco años antes, en 1900, un matemático francés llamado Louis Bachelier ya había usado el paseo aleatorio para describir los precios de la Bolsa de París. La economía llegó primero.
Hall no dijo que todo el mundo se comporta así. En 1982, con Frederic Mishkin, estimó que alrededor del 80 % de los hogares gastaba mirando hacia el futuro y el resto vivía al día. En Latinoamérica, donde mucha gente vive con ingresos que cambian cada semana, me pregunto qué tan grande es ese "resto".
¿Cómo se maneja una economía con palabras?
La segunda mitad del premio es de Michael Woodford. En su libro de 2003, Interest and Prices, construyó un modelo completo de la economía sobre estas bases, pensado para que los bancos centrales decidan sus tasas de interés.
Su idea central es que las empresas y los hogares miran hacia adelante. Una empresa no cambia sus precios todos los días: piensa en un restaurante que imprime su menú una vez al año. Cuando lo imprime, no le pone el precio de hoy, sino el que cree que va a necesitar durante todo el año. Por eso lo que importa no es solo la tasa de interés de hoy, sino lo que la gente espera que pase con las tasas en los próximos meses.
De ahí sale una conclusión con consecuencias muy prácticas: el banco central puede mover la economía hablando. Si explica con claridad y credibilidad qué piensa hacer, la gente ajusta sus planes antes de que lo haga. Es como un profesor que anuncia que el examen será difícil: los estudiantes empiezan a estudiar desde hoy, no desde la víspera. Eso se llama orientación prospectiva, y la usaron mucho los bancos centrales después de la crisis de 2008. Woodford lo resumió en 2005 con una frase fuerte: no solo importan las expectativas sobre la política, sino que, al menos en las condiciones de ese momento, casi nada más importa.
Esto no es teoría lejana. El Banco de la República de Colombia usa para sus pronósticos un modelo llamado PATACON, de la familia de modelos que estos economistas ayudaron a construir, y bancos centrales como los de Chile, Canadá, Suecia y Noruega usan modelos parecidos. Cuando escuchas que "el Banco de la República subió las tasas para bajar la inflación", detrás hay ideas de este premio.
¿Y dónde está la física de los sistemas complejos?
Aquí está lo que más me interesa como físico. La pregunta de este Nobel es exactamente la pregunta de la física estadística: ¿cómo sale el comportamiento del todo a partir de las partes?
La presión de un gas sale de millones de moléculas chocando contra las paredes. La temperatura es el promedio de su agitación. Los físicos aprendimos hace más de un siglo a pasar de las moléculas al gas. Los economistas intentan pasar de los hogares al país.
Pero hay una diferencia que genera uno de los debates más interesantes de la ciencia actual. Para que las ecuaciones se puedan resolver, muchos de estos modelos usan un agente representativo: un solo hogar "promedio" que representa a todos. Para un físico, eso es como describir un gas con una sola molécula promedio. Funciona bien cuando todo está tranquilo. Pero las cosas más interesantes, como una avalancha, un atasco de tráfico o el agua que se congela de golpe, salen de las interacciones entre las partes, no del promedio.
Después de la crisis de 2008, varios investigadores que vienen de la física, como Jean-Philippe Bouchaud y J. Doyne Farmer, impulsaron los modelos basados en agentes: simulaciones con miles de hogares, bancos y empresas distintos que interactúan entre sí, para ver qué sale. Su crítica es que los modelos con agente representativo no captan bien las crisis, porque las crisis son justamente fenómenos colectivos. Los defensores responden que estos modelos se han ido ampliando, por ejemplo con hogares distintos entre sí, y que siguen siendo los que mejor sirven para decidir.
Y hay un detalle que me encanta. La investigación reciente de Woodford trata del "ruido" en la mente de cada persona: cómo percibimos los números de forma imprecisa, igual que percibimos con imprecisión un sonido o una luz. Lo estudia con herramientas de la psicofísica. El mismo premiado está mirando dentro de la molécula.
Lo que no sabemos
Hay mucho que sigue abierto. Las pruebas del paseo aleatorio del consumo con datos reales han sido difíciles, y muchos estudios encuentran que el gasto responde a cambios de ingreso que sí se podían prever. Tampoco hay acuerdo sobre cuánto debe hablar un banco central: el actual presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Kevin Warsh, ha dicho que la orientación prospectiva fue demasiado lejos.
En mi opinión, la respuesta honesta a la pregunta del título es: no, la economía no se puede predecir como un eclipse. Pero sí se puede entender lo suficiente para no empeorar las crisis. Igual que con el clima, el objetivo no es adivinar el futuro, sino reaccionar mejor cuando llega la sorpresa.
Qué puedes hacer tú, hoy
- Fíjate en tus propias expectativas. Antes de una compra grande, ¿estás decidiendo con lo que ganas hoy o con lo que esperas ganar? Eso es exactamente lo que estudió Hall.
- Lee el informe del banco central. El Banco de la República, Banxico y otros publican informes de política monetaria que explican qué esperan y por qué. Están escritos para que tú ajustes tus planes.
- Desconfía de quien dice saber qué hará el dólar mañana. Si los precios y el gasto se parecen a un paseo aleatorio, nadie puede adivinar el próximo paso. Como conté en el artículo sobre qué es un sigma, saber cuánta incertidumbre hay es tan importante como el número mismo.
Las personas detrás del modelo
Robert Hall nació en 1943 y se doctoró en el MIT en 1967, bajo la dirección de Robert Solow, otro Nobel. Michael Woodford nació en 1955 y también se doctoró en el MIT, en 1983. Llevan más de cuarenta años intentando que las matemáticas de la economía se parezcan un poco más a la gente real.
Este premio cierra una semana de Nobel que conté en el blog, desde la física de los neutrinos hasta la química de la quiralidad. Y deja una idea que conecta a todos: entender un sistema enorme empieza por entender bien a sus partes, y por aceptar lo que no podemos predecir.
Si tuvieras que adivinar cuánto vas a gastar el próximo mes, ¿qué número dirías? Te leo en los comentarios.
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