¿Fue verde alguna vez el desierto de Atacama? El chigüiro lo delata

En Quillagua, en el norte de Chile, entre 1964 y 2001 cayó en promedio medio milímetro de lluvia al año. En Arica, menos de un milímetro. Atacama es el desierto no polar más seco del planeta, y el Guinness lo tiene anotado así. Hay tramos donde la única agua que llega es la niebla.

Y en ese mismo desierto, en un acantilado de sedimentos marinos llamado El Morro, cerca de Caldera, un equipo encontró un diente de chigüiro. No de cualquier chigüiro: de un pariente extinto, del género Cardiatherium, enterrado hace unos 8,8 millones de años en capas que se depositaron entre 10 y 7 millones de años atrás. Alrededor, en las mismas capas, había peces de agua dulce, gaviales (cocodrilos de río) y restos de palmas. El estudio salió en Scientific Reports en septiembre de 2026, con Priscilla Martinez, doctoranda de la Universidad de Arizona, como primera autora, y la paleontóloga chilena Carolina Gutstein entre los firmantes.

Martinez lo resumió con una palabra: "freakish", rarísimo. Un chigüiro en el sitio más seco del mundo es como encontrar un pingüino en el Sahara.

La pregunta, entonces: ¿fue verde alguna vez el desierto de Atacama, y por qué y cuándo se secó?

¿Por qué Atacama es tan seco?

Porque tiene tres cerrojos a la vez, y muy pocos desiertos del mundo los tienen todos. El primero es el mar frío. El segundo, el aire que baja. El tercero, la cordillera.

Empecemos por el mar. Frente a la costa de Chile y Perú corre la corriente de Humboldt, agua que sube desde el sur, helada. Piensa en una botella de gaseosa recién sacada de la nevera: se empaña por fuera, pero no llueve sobre ella. Eso pasa con el aire que llega a la costa de Atacama: se enfría al pasar sobre el agua, suelta su humedad en forma de niebla pegada al suelo, la camanchaca, y llega a tierra ya exprimido. Para que llueva de verdad el aire tiene que subir y enfriarse en altura, y el aire frío y pesado que viene del mar no sube: se queda abajo, como una tapa.

Encima de esa tapa hay otra. Sobre esa franja del planeta el aire de la atmósfera alta está bajando, no subiendo, porque es la zona de alta presión del Pacífico sur. Aire que baja se calienta y se seca. Es el mismo motivo por el que el Sahara y el desierto australiano están más o menos a la misma latitud.

Y por el oriente, los Andes. Cuando el aire húmedo de la Amazonía intenta cruzar hacia el Pacífico, la cordillera lo obliga a subir más de cuatro kilómetros, y en la subida descarga toda la lluvia del lado amazónico. Al otro lado baja seco. Los ingenieros lo llaman sombra de lluvia. En la historia de la sal de Nemocón vimos cómo una cordillera levanta un mar; aquí la misma cordillera le cierra la puerta a la lluvia.

Tres cerrojos. Para mí, la pregunta interesante es cuándo se cerró cada uno.

¿Qué hace un chigüiro en un desierto?

Delatar el agua. El chigüiro no es un animal que "tolera" la humedad: no puede vivir sin ella. Es el roedor más grande del mundo, pesa lo que una persona, y pasa la vida en la orilla: come pasto de llanura inundable, se mete al agua para escapar de los depredadores y necesita charcos y ríos permanentes, no de temporada. Hoy vive al oriente de los Andes, en los Llanos de Colombia y Venezuela, en el Pantanal, en el litoral argentino y uruguayo. En Colombia le decimos chigüiro o ponche; en Venezuela, chigüire; en Argentina y Uruguay, carpincho.

Por eso un solo diente dice tanto. Un fósil de camello en un desierto no sorprende. Un fósil de chigüiro es un certificado de humedal: donde hubo chigüiro, hubo agua todo el año. Y las capas de El Morro lo confirman por partida doble, con los peces de agua dulce y los gaviales que Mark Clementz, de la Universidad de Wyoming, describe en los mismos sedimentos.

Hay un detalle que a mí me gusta más que el diente, y quiero contarlo despacio. Las capas son marinas: el chigüiro no vivía en el fondo del mar, murió en un río o en un estuario que desembocaba ahí, y el mar lo enterró. Es decir, hace nueve millones de años, donde hoy hay un acantilado seco frente al Pacífico, un río llegaba al mar con agua suficiente para sostener cocodrilos y roedores de 50 kilos. Los autores proponen además una ruta: los chigüiros habrían bajado por corredores de humedal de poca altura, desde Venezuela por Colombia, Ecuador y Perú, hasta el norte de Chile. Una autopista de pantanos que hoy no existe.

¿Cuándo se secó Atacama entonces?

Depende de a qué parte de Atacama le preguntes, y esa es la clave de todo.

Durante décadas la respuesta de los libros fue que la aridez extrema empezó en el Mioceno, hace entre 19 y 13 millones de años, cuando los Andes ya eran altos y Humboldt ya era frío. Pero en mayo de 2026 un equipo de la Universidad de Colonia publicó en Nature Communications otra fecha: el núcleo hiperárido, el interior donde caen menos de 2 milímetros al año, lleva seco unos 45 millones de años.

Lo midieron con una técnica que parece de ciencia ficción: los rayos cósmicos que llegan del espacio dejan átomos raros, neón-21 y berilio-10, en las piedras que pasan mucho tiempo en la superficie sin que nada las mueva. Contaron esos átomos en 135 piedras de cuarzo y salió la cifra más alta jamás registrada. Esas piedras no se han movido en 45 millones de años, y eso solo pasa donde no hay agua que las arrastre.

Y cuatro meses después, un diente dice que hace 9 millones de años había cocodrilos en la costa.

Las dos cosas no se contradicen, y entender por qué es el giro de esta historia: Atacama no se secó de una vez ni por todas partes. Se secó por parches, y sus bordes se han mojado y secado varias veces mientras el centro seguía seco. Los propios autores de Colonia lo dicen: la aridez "evolucionó de forma desigual" y los Andes y Humboldt "intensificaron y expandieron" una sequía que ya existía, en lugar de iniciarla.

El Morro está en la costa, en el borde sur del desierto, a la altura de Caldera, donde el río Copiapó, cuando trae agua, todavía llega al mar. El núcleo hiperárido está tierra adentro, cientos de kilómetros al norte. Un mapa con una sola palabra, "Atacama", esconde dos historias distintas.

Vuelve a los tres cerrojos. El aire que baja lleva ahí desde siempre, por la latitud. Humboldt y los Andes se fueron cerrando a lo largo de millones de años, y cada vez que uno se cerraba un poco más, el borde húmedo retrocedía. Hace 9 millones de años el borde todavía dejaba pasar ríos hasta Caldera. Hoy no.

¿Puede un solo diente cambiar la historia?

No, y los autores lo saben. Puede cambiar el mapa, no el calendario.

Barbara Carrapa, la asesora de Martinez, lo dice sin rodeos: no tienen ninguna otra evidencia de chigüiros en esa parte de la costa chilena. Es un diente. Un diente que apareció en la misma formación que un yacimiento famoso por otra cosa, las decenas de esqueletos de ballenas de Cerro Ballena, de entre 6 y 9 millones de años, y que nadie esperaba. La fecha viene de las capas, no del diente; el animal pudo ser arrastrado desde tierra adentro; y un género extinto identificado por una pieza dental es una identificación razonable, no una certeza.

Lo que sí es sólido es la compañía: peces de agua dulce, gaviales y palmas en los mismos sedimentos son, junto con el diente, cuatro testigos independientes que cuentan lo mismo. Y lo que haría de esta pista un descubrimiento es lo de siempre: más dientes, más huesos, y un análisis de los isótopos del esmalte que diga qué comía y qué agua bebía. Es la misma regla que conté en cuándo un hallazgo es un descubrimiento: una medida sola abre una pregunta; la segunda medida, hecha por otros, la cierra.

Mi opinión, marcada como tal: creo que el diente es real y que la costa de Atacama tuvo ríos hace 9 millones de años, porque la evidencia de los peces y los cocodrilos ya lo decía. Lo que no creo es el titular de que "el desierto no era desierto": el núcleo, con sus piedras quietas desde hace 45 millones de años, sigue siendo el lugar más parecido a Marte que tenemos, y el diente no lo toca.

Qué puedes hacer tú, hoy

  • Cuando leas "el desierto más seco del mundo", pregunta qué parte. Arica, Quillagua y el interior son el récord. Caldera y el borde sur florecen cada pocos años cuando llueve: el desierto florido es la prueba viva de que hay semillas esperando.
  • Mira la niebla, no la lluvia. La camanchaca puede dejar hasta 7 milímetros de agua al día en una malla. Los atrapanieblas del norte de Chile son la versión moderna de lo que los chigüiros tenían gratis.
  • Si vas a Caldera, ve a Cerro Ballena. Es el mayor yacimiento de fósiles marinos de Chile según el Museo Nacional de Historia Natural, y el diente salió de la misma formación. Está al borde de la carretera.
  • Desconfía de las fechas redondas. "40 millones de años seco" y "45 millones" y "desde el Mioceno" hablan de lugares distintos medidos con técnicas distintas. Es el consejo de cómo saber si una noticia de ciencia es falsa, aplicado a una noticia verdadera.

Las personas que buscan dientes entre ballenas

Un diente de chigüiro fósil cabe en la yema de un dedo. Encontrarlo en un acantilado lleno de vértebras de ballena de un metro es cuestión de mirar el suelo durante años, y eso lo hace gente con nombre. Priscilla Martinez es estudiante de doctorado, y este artículo, en el que firma como primera autora, empezó por un objeto que cualquiera habría pisado. Carolina Gutstein es la paleontóloga chilena del equipo, de la Universidad Santo Tomás, en el país donde está el diente. Mark Clementz es el experto en la química de los dientes fósiles, y Caroline Strömberg, la que reconoce las plantas.

Y al otro lado del debate están Benedikt Ritter-Prinz y su equipo en Colonia, contando átomos de neón en piedras de cuarzo para decir que el centro lleva 45 millones de años quieto. No se contradicen: se están repartiendo el mapa.

Entre unos y otros, el desierto más seco del mundo resulta tener biografía: un centro que no se ha mojado en 45 millones de años y unos bordes que fueron pantano hace nueve. Si vives en un lugar seco, ¿sabes qué había ahí antes de que se secara?

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1 comentarios

  • OlgaLú R. A.

    Qué hallazgo tan fascinante. La presencia del chigüiro como evidencia de un Atacama más húmedo y vivo abre una ventana hermosa al pasado del desierto. Gracias por mostrar cómo pequeños indicios pueden revelar grandes historias del clima y la vida en Sudamérica.

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