¿Por qué un país lleno de ríos se queda sin luz? Colombia y Ecuador

El 7 de septiembre, XM, la empresa que opera el sistema eléctrico colombiano, volvió a decirlo en cifras: los embalses del país están por debajo de donde estaban en el verano de 2015-2016, el peor desde el apagón de 1992, y el agua que ha dejado de entrar equivale a 18 días de consumo eléctrico de toda Colombia. Las plantas térmicas tendrían que producir más de 97 gigavatios-hora al día para compensar; están produciendo 52. Y entre las 6 y las 10 de la noche, la demanda supera lo contratado.

En julio, XM ya había advertido que sin las centrales de Chivor y Guavio la demanda del oriente no se puede atender en el verano que viene, con riesgo de racionamiento en Bogotá, Cundinamarca, Meta y Guaviare entre diciembre de 2026 y abril de 2027. Y Guavio, la central más grande del oriente, va a vaciar su embalse por completo entre septiembre y diciembre para obras en la bocatoma. En enero-agosto ya hubo 304 órdenes de desconexión de carga, 289 de ellas en el Caribe.

Ecuador va más adelante en el mismo camino: Coca Codo Sinclair, su central más grande, necesita 222 metros cúbicos por segundo y recibe 100. Cuba, por otra razón, lleva siete apagones nacionales en el año.

Y en Colombia, un país donde llueve tanto que a veces se inundan las ciudades, la pregunta de los comentarios es siempre la misma: ¿cómo puede un país lleno de ríos quedarse sin luz?

Empecemos por la casa: el tanque del techo

Piensa en el tanque de agua que hay en el techo de muchas casas de Latinoamérica. No está ahí de adorno: está ahí para guardar agua arriba, de modo que cuando abres la ducha el agua baje con presión aunque en ese momento la tubería de la calle esté floja. El tanque no fabrica agua. Guarda agua y, sobre todo, guarda altura.

Una hidroeléctrica es como ese tanque, a lo bestia. El embalse de Guavio guarda 950 millones de metros cúbicos de agua útil, y esa agua cae 1.100 metros por un túnel hasta las turbinas. La electricidad sale de multiplicar tres cosas: cuánta agua cae, desde qué altura, y la gravedad. Es la fórmula que todo el mundo vio en el colegio, masa por gravedad por altura, y aquí es literal.

Hice la cuenta de servilleta. Los 950 millones de metros cúbicos de Guavio, cayendo 1.100 metros, son unos 2.800 gigavatios-hora de energía; quitando pérdidas, unos 2.500. Colombia consume unos 260 gigavatios-hora al día. Es decir: Guavio lleno, solo, alimentaría el país entero durante unos diez días. Ese es el tamaño de la batería que se va a vaciar este trimestre.

Porque eso es un embalse, y es la idea que quiero que te lleves: un embalse no es una fuente de agua. Es una batería. La lluvia es la que carga la batería. La turbina es la que la descarga.

¿Qué hace El Niño con esa batería?

El Niño, del que ya escribí a propósito de por qué el de 2026 podría ser récord, calienta el Pacífico frente a Ecuador y Perú y mueve las lluvias de sitio. Para la mayor parte de Colombia y para la Amazonía ecuatoriana, eso significa menos lluvia durante meses, en pleno verano de fin de año, que ya es la época seca.

Vuelve al tanque e imagina que la tubería de la calle trae menos agua durante semanas. El tanque se vacía poco a poco, pero tú no lo notas mientras haya reserva. La ducha sigue saliendo con presión. El susto llega el día en que el tanque se acaba, y entonces ya no importa cuánto llueva mañana: la ducha depende de lo que entre por la tubería en ese mismo instante.

Los ingenieros tienen un nombre para ese estado: a filo de agua. Es una central que no puede guardar nada y genera con el caudal que le llega, minuto a minuto. Así va a quedar Guavio después de diciembre, por sus obras. Y así está quedando Ecuador entero por El Niño: cuando el país tiene lluvia, la hidroeléctrica cubre el 80 o el 90 % de la demanda; en sequía severa, sus 5.200 megavatios hidráulicos se desploman a unos 1.500.

El embalse de Mazar perdió 5,4 metros de nivel entre agosto y septiembre. La batería de un país se está vaciando delante de todos, en una cifra que se publica cada semana.

Después la noche: el problema es la hora, no el año

Aquí está lo que a mí me reordenó la cabeza, porque la primera intuición es que la solución es "más paneles solares". Colombia ha instalado paneles como nunca: 3.335 megavatios solares a mitad de 2026, casi nada hace cinco años. Y aun así el sistema puede quedarse corto. ¿Por qué?

Porque la crisis no ocurre en promedio. Ocurre a una hora. Mira el dato de XM: la demanda supera lo contratado en 7,2 gigavatios-hora al día, concentrados entre las 6 y las 10 de la noche. Es cuando tú llegas a casa, prendes la luz, la estufa, el televisor, y la nevera trabaja más. Y es exactamente cuando el sol ya se fue. Un panel solar es una fuente magnífica de energía a las dos de la tarde y un rectángulo de vidrio a las ocho de la noche.

¿Quién cubre las ocho de la noche? La batería. Es decir, el embalse: abres la compuerta, cae el agua, sale la luz, y a las once la cierras. Un embalse lleno es lo que permite que el sol del mediodía y la nevera de la noche convivan. Un embalse vacío deja la noche en manos de las térmicas, que queman gas o diésel, igual que el generador de gasolina que alquilas cuando se va la luz en una fiesta: funciona, pero solo mientras le eches combustible.

Y en 2026 el gas de Colombia depende en parte de un barco regasificador en Cartagena y de unos 22.000 barriles diarios de combustible líquido. Cuando XM dice que las térmicas tendrían que sostener más de 90 gigavatios-hora al día durante cuatro meses, está diciendo algo que en la historia del sistema nunca se ha logrado por más de 20 días seguidos.

El giro: no falta agua, falta agua en el momento correcto

Lo que quiero que veas es esto. Colombia no es un país seco. En un año normal le sobra agua para generar toda su electricidad y exportar. El problema es que la lluvia llega cuando quiere y la electricidad se necesita cuando la gente la necesita, y las dos cosas casi nunca coinciden. Los embalses son la máquina que mueve el agua en el tiempo: guardan la lluvia de mayo para la noche de enero, como quien congela la cosecha de mango para comerla en diciembre.

Cuando esa máquina falla, por sequía o por obras, el país no se queda sin agua. Se queda sin tiempo. Toda su energía pasa a depender de lo que ocurra en este minuto: cuánto llueve hoy, cuánto gas llegó hoy, cuánto sol hay ahora. Y un sistema que vive en el presente es un sistema frágil. Natalia Gutiérrez, presidenta del gremio de generadores, lo resumió en julio con una frase incómoda: Colombia "perdió su confiabilidad", el margen de seguridad ya no existe.

Por eso Cuba es el espejo invertido y a la vez la misma lección. A Cuba no le falta agua; le faltan máquinas y combustible, y lleva siete apagones nacionales en 2026 con veinte horas diarias sin luz en gran parte de la isla. Un sistema sin reserva, del tipo que sea, termina en el mismo sitio.

¿Qué no sabemos?

Bastante, y conviene decirlo antes de que cunda el pánico. Que los embalses estén más bajos que en 2015 no significa que habrá racionamiento: en 2015-2016 no lo hubo, con niveles que asustaron igual. El escenario del 19 % que circula es una simulación de XM con una "serie sintética crítica", es decir, el peor caso razonable, no un pronóstico. Y el propio operador dice que activar el estatuto de riesgo es una medida preventiva.

Tampoco sabemos cuánto durará El Niño ni cuánto lloverá en el oriente en marzo, que es lo que decide todo. Lo que sí sabemos, porque es aritmética, es que Guavio vacío y Chivor a medias entre octubre y junio quitan del oriente la mitad de su batería justo en el trimestre más seco. Eso no lo decidió el clima; lo decidió un cronograma de obras. En mi opinión, ahí está la pregunta que vale la pena hacer en voz alta.

Qué puedes hacer tú, hoy

  • Mueve lo que puedas fuera de las 6 a las 10 de la noche: lavadora, plancha, ducha eléctrica, cargar el carro si lo tienes. No es un gesto simbólico: es exactamente la franja donde el sistema no alcanza.
  • Si vives en Bogotá, Cundinamarca, Meta o Guaviare, ten linterna, agua y el celular cargado al final del día entre diciembre y abril. Es lo mismo que haces para un temblor; lo escribí en por qué tiembla tanto en Latinoamérica.
  • Mira el nivel de los embalses en la página de XM una vez al mes. Es un número público, y saber leerlo te quita el miedo a los titulares.
  • Haz el experimento del tanque con tus hijos: una botella con un agujero abajo, primero llena, luego con un chorrito entrando. Verán con sus ojos cuándo se acaba la presión.

La gente que mira los embalses por ti

Cada mañana alguien en XM, en Medellín, suma cuánta agua entró a cada embalse del país en las últimas 24 horas y lo compara con lo que debería haber entrado. De esa resta salen los "18 días" del titular. No es un cálculo dramático: es un cálculo aburrido, hecho todos los días desde hace décadas, y es la razón por la que sabemos que hay un problema con seis meses de anticipación y no la noche en que se apaga la luz.

Después están los que decidieron, en 1992, adelantar los relojes una hora para que el país usara más luz de día; once meses de racionamiento que terminaron el 7 de febrero de 1993, con Guavio entrando en operación en diciembre del 92, tarde y caro, pero entrando. Y hoy, los ingenieros de Enel metidos en la bocatoma de ese mismo Guavio, con el embalse vacío, tratando de que las obras terminen antes de que llegue lo seco. Todos hacen lo mismo: mover el tiempo a favor. De eso van, en el fondo, las historias de resiliencia y perseverancia que le dan nombre a este blog.

¿Qué apagas tú a las siete de la noche, y qué no podrías apagar?

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1 comentarios

  • Olga

    Apago casi todo, dejo solo lo esencial: computador, 2 bombillos, y la nevera.

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