¿Puede un exceso de voltaje apagar un país? El apagón de España

El 28 de abril de 2025, a las 12:33, más de 50 millones de personas en España y Portugal se quedaron sin luz. En cinco segundos, la red española perdió 15.000 megavatios, el 60 % de lo que estaba produciendo. Se pararon trenes y metros, los semáforos se apagaron y la gente salió a la calle con radios de pilas.

Casi un año después, el 20 de marzo de 2026, el informe final de los operadores europeos dijo algo que me parece de lo más contraintuitivo que he leído sobre redes: a España no le faltó electricidad ese día. Le sobró voltaje.

La pregunta es esta: ¿cómo se apaga una red a la que no le falta energía?

¿Qué es el voltaje y por qué tiene que quedarse quieto?

El voltaje, o tensión, es la presión con la que la red empuja la electricidad. Tiene que mantenerse dentro de un rango estrecho, porque cada transformador, cada motor y cada panel solar está hecho para una presión concreta, y se desconecta para no dañarse si se sale de ella.

Piensa en la manguera del patio. Con la llave abierta y el agua saliendo, la presión es normal. Si alguien tapa la punta con el dedo, la presión sube y la manguera se pone dura. Si sube demasiado, algo revienta: una unión, un empaque, la manguera misma.

En la red de transmisión española, las líneas grandes trabajan a 400.000 voltios, 400 kV. En el artículo sobre los apagones en cascada te conté la otra variable que vigilan los operadores, la frecuencia, que mide si se produce tanta energía como se consume. Hoy toca la tensión. Es la que falló en España, y la que notas en casa cuando las luces parpadean o bajan de intensidad.

¿Qué es la potencia reactiva y por qué nadie la ve?

La potencia reactiva es la parte de la electricidad que no hace trabajo útil, pero que mantiene vivos los campos eléctricos y magnéticos de líneas y transformadores. Su balance es el que decide si el voltaje sube o baja.

La mejor analogía que conozco es un vaso de cerveza. La cerveza es la potencia que sí usas: la que prende el bombillo y mueve la nevera. La espuma no te la tomas, pero ocupa espacio en el vaso. El vaso entero, cerveza más espuma, es lo que la red tiene que cargar.

Aquí viene la parte rara. Una línea larga de alta tensión con poca carga encima produce potencia reactiva por sí sola, y esa reactiva empuja el voltaje hacia arriba. Es como si el vaso fabricara espuma solo por estar quieto. A mediodía, con mucho sol y líneas poco cargadas, la red se llena de espuma.

Alguien tiene que recogerla. Tradicionalmente lo hacían los grandes generadores que giran, los de gas, agua o uranio, que pueden absorber reactiva a voluntad. También unos equipos llamados reactancias, que son, literalmente, esponjas de reactiva: se conectan y la tensión baja. Y, cada vez más, la electrónica de los parques solares y eólicos, si las reglas les piden hacerlo.

¿Qué pasó en la red española el 28 de abril?

Media hora antes del apagón, la red ya se estaba moviendo de más. Según el resumen del informe final que publicó POWER Magazine, hubo una oscilación de 0,63 hercios entre las 12:03 y las 12:08 y otra de 0,2 hercios entre las 12:19 y las 12:22. Era mediodía de un lunes soleado: según los datos de Red Eléctrica, a las 12:30 el 55 % de la electricidad peninsular salía de paneles fotovoltaicos, y había pocos generadores grandes girando.

En el minuto y medio anterior al colapso, el voltaje subió y se desconectaron 355 megavatios en un transformador de Granada. Luego 727 megavatios de plantas solares en Badajoz. Luego otros 928 de eólica y solar. Más de 2.500 megavatios en unos 78 segundos. Entre las 12:33:17 y las 12:33:18, el resto del sistema se vino abajo, y las protecciones de la frontera separaron a Francia para que la caída no cruzara los Pirineos.

Hasta aquí parece la historia de siempre: unas plantas que se caen y arrastran a las demás. La pregunta interesante es por qué se cayeron. Y ahí está el giro.

¿Por qué cada planta que se protegía empujaba a la siguiente?

Porque al desconectarse, cada planta dejaba de recoger espuma. España no se apagó por falta de energía. Se apagó porque al voltaje le sobraba presión y cada máquina que se iba para protegerse se llevaba la esponja.

El informe de ENTSO-E, la red europea de operadores de transmisión, encontró cuatro piezas que encajaron mal ese día:

  1. Las plantas renovables trabajaban con factor de potencia fijo. Absorbían reactiva en proporción a lo que producían, no según el voltaje. Cuando bajaban su producción, dejaban de absorber justo cuando más falta hacía.
  2. Varios grandes generadores síncronos cumplieron la consigna de reactiva menos del 75 % del tiempo, según el informe. Tenían que ser la esponja grande y no lo fueron del todo.
  3. Había reactancias disponibles que no se conectaron. Algunas se habían desconectado minutos antes, y volver a conectarlas era una decisión manual. Los operadores no tuvieron esos minutos.
  4. El margen era casi nulo. La norma española permitía que la red de 400 kV llegara a 435 kV en momentos de transición, cuando en el resto de Europa el rango es de 380 a 420. Y muchas plantas solo estaban obligadas a aguantar conectadas hasta 435 o 440 kV. Entre lo "normal" y el disparo casi no había distancia.

Recuerda el vaso de cerveza. Imagina a varias personas recogiendo espuma con cucharas para que no rebose. Cada una que suelta la cuchara deja más espuma para las demás, el vaso rebosa más rápido, y la siguiente suelta la suya. Eso fue la cascada española: una retroalimentación de tensión, no de falta de generación.

¿Fue culpa de los paneles solares? En mi opinión, la respuesta corta es no, y el panel de 49 expertos dice lo mismo: descartó que el exceso de solar fuera la causa y apuntó al control de tensión. Los inversores solares pueden ayudar a bajar el voltaje si se les exige y se les paga por hacerlo. Ese día las reglas no se lo pedían. Por eso entre sus 22 recomendaciones está pasar del factor de potencia fijo a un control activo de tensión y armonizar el rango europeo en 380 a 420 kV.

¿De cuántas maneras puede fallar una red?

De tres, por lo menos. Puede faltar energía, puede descontrolarse la tensión o pueden faltar caminos. España es el segundo caso, y conviene no confundirlo con los otros dos.

La primera es la falta de energía. Si se cae una central grande y no hay reserva, la frecuencia baja y las protecciones empiezan a cortar barrios y luego plantas. Es lo que conté en el artículo sobre los apagones en cascada, con Chile y Venezuela.

La segunda es la tensión. Hay energía de sobra, pero nadie la mantiene a la presión correcta. Es España.

La tercera es la falta de caminos. Imagina dos casas. Una está en una manzana de ciudad, con calles por los cuatro lados: si cierran una, llegas por otra. La otra está al final de una calle ciega: si cierran esa calle, no entra nadie. Los ingenieros diseñan las redes para que perder cualquier línea no apague a nadie, pero eso cuesta, y no todos los pueblos tienen una segunda calle. Por eso un corte de mantenimiento en una sola línea puede dejar a oscuras a una zona rural entera durante un día, y si vives al final de una línea, lo sabes sin que nadie te lo explique.

Las tres maneras se mezclan, y lo puedes ver en la historia de Colombia. El apagón nacional del 26 de abril de 2007 en Colombia empezó por una falla en una sola subestación de Bogotá y se extendió rápidamente hasta dejar a oscuras a todo el país. Un punto débil local, una red que no supo aislarlo.

Una diferencia más, y para mí la más incómoda. De España tenemos una cronología al segundo y unas 440 páginas con responsables. De la mayoría de los cortes en nuestros pueblos no tenemos ni la causa.

Qué puedes hacer tú, hoy

  • Distingue bajón de corte. Si las luces parpadean o bajan de intensidad, es un problema de tensión. Desenchufa la nevera y los equipos con motor: las variaciones los dañan más que un corte limpio.
  • Revisa los cortes programados de tu empresa de energía. Los avisos dicen barrios y horarios, y suelen publicarse unos días antes.
  • Reporta cada corte imprevisto. Lo que no se reporta no queda en el registro.
  • Pide la causa por escrito. En Colombia, un derecho de petición obliga a la empresa a responder, y la Superintendencia de Servicios Públicos vigila la calidad del servicio.
  • Ten un plan si alguien en tu casa depende de un equipo médico eléctrico. En España se investigaron ocho muertes posiblemente ligadas al apagón; una fue la de una persona con ELA que necesitaba ventilación mecánica.

Y no confundas este problema con el de por qué un país lleno de ríos se queda sin luz: el riesgo que Colombia vigila para los próximos meses es de energía guardada en los embalses, no de voltaje.

Las personas que vuelven a encender la luz

Después del 28 de abril, España no se volvió a prender con un interruptor. Se prendió desde centrales hidráulicas como Aldeadávila, en el Duero, y Riba-Roja, en el Ebro, que pueden arrancar sin electricidad de fuera. Con ellas los operadores de Red Eléctrica energizaron una línea, luego una isla, luego otra. Francia aportó hasta 2.000 megavatios y Marruecos hasta 900. A las seis de la mañana del día siguiente, el 99 % de la demanda tenía luz otra vez. Eso lo hicieron personas, durante toda la noche.

Después vinieron 49 expertos que pasaron casi un año reconstruyendo esa media hora. Su informe es aburrido, largo y técnico, y es la razón por la que hoy sabemos que el problema era la espuma y no la cerveza.

Y están las cuadrillas que suben a los postes un domingo a las 3 de la mañana para que una línea no falle el lunes. Nadie las nombra cuando todo funciona, que es casi siempre, y si vives en una ciudad grande es posible que nunca hayas pensado en ellas. Lo que hizo Europa con su apagón, cualquiera lo puede hacer a su escala: preguntar por qué, por escrito, hasta que alguien conteste.

¿Cuándo se fue la luz por última vez donde vives, y alguien te explicó por qué?

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1 comentarios

  • https://x.com/Olgaluciarios7

    Me pareció fascinante la manera en que abordas el apagón de España desde una perspectiva técnica y, al mismo tiempo, histórica. La pregunta sobre si un exceso de voltaje puede “apagar” un país abre una reflexión necesaria sobre la fragilidad de los sistemas que damos por sentados. Aprecio especialmente cómo conectas los hechos con la responsabilidad de la infraestructura moderna y la importancia de entender estos eventos más allá del titular. Gracias por ofrecer un análisis claro y estimulante; invita a seguir explorando cómo pequeñas fallas pueden revelar grandes vulnerabilidades.

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