¿Hay que prepararse para un apagón de 3 días? Lo que dicen los datos

Esta semana circula en TikTok y Facebook un aviso: en noviembre de 2026 habrá un apagón mundial de 72 horas. Unas versiones culpan a una tormenta solar, otras a una supuesta alerta de la NASA, otras a un episodio de Los Simpson o a los «tres días de oscuridad» que se atribuyen al Padre Pío. Según El Diario de Chihuahua, en Ciudad Juárez hay gente comprando agua, comida y velas, aunque el periódico solo cita reportes en redes.
El rumor no salió de la nada: según Colombia.com, lo alimentaron las campañas oficiales de preparación. El 3 de noviembre, la comisaria europea Hadja Lahbib presentó en Bruselas unas directrices que piden a los hogares de la Unión Europea poder arreglárselas solos durante al menos 72 horas. En octubre, el Reino Unido lanzó una campaña parecida. Chile tiene desde hace años su propio kit de 72 horas, el de Senapred.
Un lector me escribió desde el artículo de ayer con esta pregunta: ¿tiene sentido eso de prepararse para sobrevivir días sin electricidad ni internet, frente a lo que de verdad está documentado?
¿Puede haber un apagón de tres días, y hay que prepararse para él?
¿Existe una sola red eléctrica en el mundo?
No. Hay muchas redes separadas, y para apagarlas todas a la vez haría falta una causa que golpeara a todas al mismo tiempo.
Imagina los tanques de agua de un barrio. Cada edificio tiene el suyo, algunos comparten tubería con el vecino, pero ninguno está conectado con un edificio de otra ciudad. Si un tanque se vacía, se secan los apartamentos de ese edificio y quizá los del vecino. El resto del país sigue abriendo la llave.
Con la electricidad pasa algo parecido. Europa continental funciona como una sola red sincronizada, pero no está unida a la de América. En América hay varias: la del este de Norteamérica, la del oeste, la de Texas, la de Quebec, la de México, la de Centroamérica, la colombiana conectada con la ecuatoriana, la chilena. Dentro de cada una, una falla sí puede propagarse en segundos; ya expliqué por qué un apagón se extiende en cascada. Entre redes vecinas hay pocas líneas de intercambio, y se diseñan para soltarse cuando el vecino se cae. Entre continentes no hay ninguna.
Un apagón mundial necesita, entonces, una causa que llegue a todas partes a la vez. La única candidata seria es el Sol. Volveremos a ella.
¿Cuánto dura de verdad un apagón grande?
Cuando la red se cae pero los equipos quedan sanos, horas. Cuando algo se rompe, días o meses.
Estos son algunos de los apagones más grandes de las últimas décadas en América y Europa, con el tiempo que tardó en volver la luz:
- Quebec, marzo de 1989. Tormenta solar. Volvió la luz en 9 horas.
- Chile, 25 de febrero de 2025. Intervención no autorizada en una línea de 500 kV. A medianoche del mismo día ya estaba el 90 % del consumo.
- España y Portugal, 28 de abril de 2025. Exceso de voltaje en cascada. Unas 16 horas.
- Texas, febrero de 2021. Plantas y gasoductos congelados. Hasta 4 días.
- Cuba, octubre de 2024. Falla de la termoeléctrica Guiteras y luego un huracán. Unos 5 días.
- Venezuela, marzo de 2019. Falla en las líneas que salen de la central de Guri. Unos 6 días, con recaídas.
- Puerto Rico, 2017. El huracán María derribó la red. 11 meses.
Mira las causas. Los apagones de horas son los de una red que se protegió a sí misma: las máquinas se desconectaron antes de dañarse y luego hubo que volver a encenderlas en orden, empezando por centrales que pueden arrancar sin ayuda, como algunas hidroeléctricas. En España las encendieron así, con apoyo de Francia y Marruecos, y, según ENTSO-E, la asociación de operadores de la red europea, en unas 16 horas la red de transporte estaba de nuevo en pie. Lo conté en detalle en el artículo sobre el apagón de España.
Es como la diferencia entre el breaker que salta en tu casa y un cable quemado. El breaker lo vuelves a subir en un minuto. El cable quemado necesita un electricista, repuestos y alguien que pague. En Texas se congelaron pozos de gas y plantas. En Cuba, las propias autoridades llevaban años hablando de centrales envejecidas y falta de combustible. En Puerto Rico, el viento tumbó torres y postes en toda la isla.
Reiniciar una red es un procedimiento ensayado. Lo que tarda días es reparar.
¿Por qué piden entonces prepararse para 72 horas?
Porque las 72 horas no son un pronóstico de cuánto va a durar el apagón. Son un margen para que la ayuda llegue a quien más la necesita.
Esa es la confusión que hace funcionar el rumor. Un video dice «apagón de 72 horas», el gobierno dice «kit para 72 horas», y parece la misma cifra. No lo es. La lógica que suelen dar las agencias de protección civil es otra: piensan en terremotos, huracanes, inundaciones, ataques informáticos: situaciones en las que fallan muchas cosas a la vez y los servicios de emergencia no pueden atender a todos el primer día. Si la mayoría de los hogares aguanta tres días, los rescatistas se dedican a los que no pueden.
Las propias directrices europeas lo dicen a su manera. Tratan las 72 horas como un umbral mínimo de partida, admiten que podría hacer falta una semana y recomiendan no atar los mensajes a una duración fija. Irlanda fue más lejos: según The Journal, su folleto de emergencias, enviado a unos 2,2 millones de hogares, quitó la referencia a las 72 horas después de que un estudio de Ipsos encontrara que la cifra generaba ansiedad.
Y hay un segundo detalle, quizá el más útil de todo esto: un apagón no apaga solo la luz.
Las antenas de telefonía móvil tienen baterías de respaldo para unas pocas horas. El 28 de abril de 2025, cuando esas baterías se agotaron, buena parte de España se quedó sin señal, aunque la luz fue volviendo durante la noche. En junio de 2026, el Gobierno español anunció un plan para que las redes móviles aguanten hasta cuatro horas sin electricidad. Con el agua pasa algo parecido: en muchos edificios y barrios llega gracias a bombas eléctricas. Y los datáfonos, los pagos con el celular y los cajeros dependen de que todo lo anterior funcione.
Por eso las listas oficiales incluyen cosas que parecen de otra época. Senapred pide 2 litros de agua por persona al día, linterna, radio a pilas, botiquín, medicamentos, copias de documentos y efectivo «por si fallan los sistemas de pago electrónico». La radio está ahí porque es lo que sigue funcionando cuando el celular ya no. La Unión Europea no fija cantidades: enumera siete necesidades (comida, agua, calor y luz, salud, higiene, información y pagos) y deja que cada país ponga los números.
¿Puede una tormenta solar apagar el mundo tres días?
Es el único mecanismo capaz de golpear muchas redes a la vez, pero lo documentado son horas y regiones, no días ni el planeta entero.
Cuando el Sol lanza una nube de partículas hacia la Tierra, el campo magnético del planeta se sacude y aparece una diferencia de voltaje entre puntos del suelo separados por cientos de kilómetros. Una línea de transmisión larga, conectada a tierra en sus dos extremos, es como un tubo que une dos tanques a distinta altura: por ella se cuela una corriente lenta que nadie pidió, y esa corriente puede recalentar los transformadores. Lo expliqué en el artículo sobre si una tormenta solar puede apagar el internet y el GPS. El efecto es mayor cerca de los polos, donde el campo magnético se mueve más.
El caso clásico es Quebec, el 13 de marzo de 1989: una tormenta solar dejó sin luz a unos 6 millones de personas durante 9 horas. En mayo de 2024 llegó la tormenta más fuerte desde 2003, la de las auroras que se vieron mucho más cerca del ecuador que de costumbre. Hydro-Québec, la misma empresa de 1989, informó que no tuvo cortes y lo atribuyó a los refuerzos que hizo en su red desde entonces. Un estudio canadiense calcula que, en términos eléctricos, esa tormenta fue más o menos la mitad de intensa que la de 1989.
Una tormenta mucho más fuerte, como la de Carrington en 1859, podría dañar transformadores y dejar regiones enteras a oscuras por más tiempo. Eso es un riesgo real que estudian las empresas eléctricas. Pero nadie puede anunciarlo con semanas de antelación: las nubes de partículas se ven salir del Sol y tardan entre unas horas y unos pocos días en llegar. Ese es todo el aviso posible. Y ninguna tormenta solar apaga la luz del Sol. Los «tres días de oscuridad» son una profecía, no un fenómeno físico.
Lo que no se puede descartar
Hay algo que el rumor acierta sin querer. Los apagones grandes son más frecuentes de lo que uno esperaría. Un grupo de investigadores, entre ellos Ian Dobson, Benjamin Carreras y David Newman, revisó los registros de apagones de Norteamérica y encontró que su tamaño no sigue una curva que cae rápido, como la estatura de las personas, sino una de cola larga, como la de los sismos: muchísimos pequeños, pocos enormes, y los enormes no tan raros como dicta la intuición. Los autores aclaran que los datos lo sugieren, no lo prueban.
Para mí, la respuesta honesta a la pregunta del lector tiene dos partes. No hay ningún apagón mundial programado para noviembre, y nadie puede ponerle fecha a uno. Pero un corte de días en tu ciudad, por un huracán, una helada o centrales sin mantenimiento, ya pasó en Puerto Rico, Texas, Cuba y Venezuela, y volverá a pasar en algún lugar. Tener agua, una linterna, una radio y algo de efectivo no es creerse el rumor. Es lo mismo que tener un botiquín.
Lo que no tiene sentido es comprar en pánico esta semana. Ese tipo de compras vacía los estantes para quien de verdad tiene una emergencia.
Hadja Lahbib, la comisaria que presentó las directrices europeas, lo resumió al presentarlas con una frase que me parece mejor guía que cualquier lista: hay que estar «alerta, no alarmados». Irlanda llegó a lo mismo por otro camino. Su folleto ya no pide aguantar 72 horas, sino tener en casa «una reserva adecuada de lo esencial».
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