¿Puede una laguna glaciar borrar una ciudad? Palcacocha y Huaraz

El 26 de agosto, en el Himalaya, un bloque de hielo y roca se soltó de la montaña Langtang Lirung a 5.200 metros y cayó 1.200 metros en vertical. El golpe se registró en los sismógrafos como un temblor de magnitud 5,2. Lo que bajó después por el río Trishuli, entre Nepal y el Tíbet, dejó más de 1.300 muertos y unos 5.000 desaparecidos al 6 de septiembre.

Diez días después, este 7 de septiembre, El Comercio de Perú cuenta que glaciólogos de Perú, Chile y Argentina están revisando sus propias montañas. Perú tiene 528 lagunas glaciares con riesgo de desborde, 58 de ellas de riesgo muy alto. Y la más vigilada de todas está a 23 kilómetros de una ciudad de más de cien mil habitantes: la laguna Palcacocha, sobre Huaraz. Hoy guarda más de 15 millones de metros cúbicos de agua. En diciembre de 1941 bajó una vez y destruyó un tercio de la ciudad.

Cada vez que sale esta noticia leo la misma pregunta en los comentarios, y me parece la correcta: ¿puede una laguna, quieta, arriba en la montaña, borrar una ciudad entera? ¿Y cómo, si el agua no sube sola?

Empecemos por la laguna: una tina con pared de arena

Un glaciar es un río de hielo que baja por un valle. Al avanzar, empuja piedras, arena y barro delante de sí, como una pala. Cuando el glaciar retrocede, porque el clima se calienta, deja atrás ese montón de escombros apilados en forma de muro. Los geólogos lo llaman morrena. Y entre la morrena y el hielo que se retira queda un hueco, que se llena con agua de deshielo. Eso es una laguna glaciar: agua nueva, en una cuenca nueva, detenida por un muro que nadie diseñó.

Piensa en una tina llena hasta el borde, pero con una de sus paredes hecha de arena mojada apretada con las manos. Aguanta. Aguanta años, aguanta décadas. No es roca: es un montón suelto que se sostiene porque nada lo empuja demasiado. En Palcacocha, esa pared es la morrena que dejó el glaciar Palcaraju al retirarse, y detrás tiene agua a 4.500 metros de altura.

Palcacocha no siempre fue grande. En 1974, cuando el Estado peruano reforzó el dique después del desastre de 1941, era una laguna modesta. Hoy tiene 34 veces más agua que entonces, porque el glaciar que la alimenta no ha dejado de derretirse. Perú ha perdido el 56 % de su superficie glaciar en seis décadas, según el inventario de 2023 del INAIGEM, el instituto peruano de glaciares. Menos hielo arriba significa más agua en la tina.

¿Por qué el agua no se desborda sola?

Porque una laguna no rebosa por llenarse. Los ingenieros dejan siempre un margen entre el nivel del agua y el borde del dique. Se llama borde libre, y en Palcacocha, desde 1974, ese margen es de 7 metros. Con lluvia, con deshielo normal, el agua sube despacio y sale por el desagüe. Nada dramático.

El peligro es otro, y es el que a mí me costó entender la primera vez. Vuelve a la tina. Ahora imagina que, desde un metro de altura, alguien deja caer dentro un ladrillo. No importa que la tina no estuviera llena del todo: el ladrillo desplaza agua, el agua no tiene adónde ir, y sale una ola por encima del borde. Si ese borde es de arena, la ola no solo lo moja: lo arrastra.

Eso es exactamente lo que pasa en una laguna glaciar. Encima de Palcacocha cuelgan dos glaciares, Palcaraju y Pucaranra, con paredes de hielo que a veces se rompen. Un bloque de hielo del tamaño de un edificio cae al agua, levanta una ola, y la ola salta el dique. Los científicos tienen un nombre para el fenómeno completo, del inglés: GLOF, inundación por desborde de laguna glaciar. Pero prefiero decirlo así: no es una laguna que se llena, es una laguna a la que le tiran un ladrillo.

Después la brecha: cuando la pared se convierte en río

Lo que ocurre después de la ola es lo que convierte un susto en una catástrofe, y es la parte que la noticia nunca explica.

Cuando la ola pasa por encima del dique de morrena, el agua se lleva un poco de arena del borde. Ese borde queda más bajo. Entonces pasa más agua, que se lleva más arena, que baja más el borde. Es un círculo que se alimenta solo: cada litro que cruza abre camino a diez más. Los geólogos lo llaman erosión regresiva, pero tú lo has visto en la playa: haces un muro de arena frente a una poza, abres con el dedo un canalito de nada, y en un minuto el canalito es una brecha y la poza está vacía.

En 1941, según la reconstrucción que Martin Mergili y sus colegas publicaron en 2020 en la revista Hydrology and Earth System Sciences, el nivel de Palcacocha bajó 47 metros. La brecha se comió entre 1,5 y 2,2 millones de metros cúbicos de dique. Y por ella salió un caudal pico de entre 8.000 y 18.000 metros cúbicos por segundo; para que tengas la escala, el río Magdalena en Colombia lleva en promedio unos 7.000.

Solo que aquí no era agua limpia: era agua mezclada con el dique entero, barro y bloques de roca. Un aluvión. Tardó menos de una hora en recorrer los 23 kilómetros hasta Huaraz. Murieron entre 1.600 y 5.000 personas, según la fuente que consultes.

El giro: la defensa no es un muro más alto, es una laguna más baja

Aquí está lo que a mí me reordenó la cabeza, porque va contra la intuición de todo el que piensa en diques.

Si el problema fuera que el agua sube, la solución sería un muro más alto. Pero el problema es la ola. Y la ola, a diferencia del nivel, no la controlas: depende de cuánto hielo caiga y desde qué altura, y eso lo decide la montaña. Lo único que sí puedes controlar es cuánto espacio le dejas a la ola antes del borde. Cada metro que bajas el nivel del agua es un metro más de borde libre, es decir, una ola más grande que la laguna puede tragarse sin rebosar.

Por eso la defensa real de Huaraz no es un muro: son unas mangueras. El Gobierno Regional de Áncash instaló en Palcacocha un sistema de sifones, tuberías que pasan por encima del dique y, por el mismo principio con el que vacías una pecera con una manguera, sacan agua sin tocar la morrena. Entre diciembre de 2016 y julio de 2017 bajaron el nivel 3 metros. Suena a poco. Son 3 metros más de margen contra el ladrillo, y unos 2 millones de metros cúbicos menos que podrían bajar hacia la ciudad.

Y hay un segundo giro, que es el que conecta Huaraz con Nepal. El mismo calentamiento que llena la laguna es el que suelta el ladrillo. Umesh Haritashya, glaciólogo de la Universidad de Dayton, lo explicó en The Conversation a propósito del Langtang Lirung: el hielo dentro de las grietas de la roca funciona como cemento, y cuando el permafrost se derrite, la montaña pierde su pegamento. Las imágenes satelitales mostraron que la nieve había desaparecido en los días previos a la avalancha, y el agua de deshielo pudo lubricar la caída.

Más deshielo es más agua en la tina y más ladrillos en el aire. Esa es la razón por la que los Andes, que hace veinte años vigilaban una laguna, hoy vigilan 528.

¿Qué no sabemos?

Bastante, y me parece justo decirlo. Nadie sabe cuándo, ni si, caerá el próximo bloque sobre Palcacocha; vigilar el glaciar reduce la sorpresa, no la probabilidad. Tampoco sabemos con certeza qué pasó exactamente en 1941: Mergili y su equipo concluyen que la explicación más probable es la erosión regresiva quizá iniciada por una ola pequeña, y que las crónicas de la época no registran un gran desprendimiento. Es decir, el dique pudo ceder casi solo. Eso, en mi opinión, es más inquietante que la versión del ladrillo, no menos.

Y hay algo que sí sabemos y no está resuelto. Huaraz tiene un sistema de alerta temprana con sirenas que avisan unos 30 minutos antes de que un aluvión llegue a la ciudad, financiado con 4,7 millones de soles. Desde 2025, la prensa de Áncash reporta que funciona de forma limitada, con fallas recurrentes, baterías y software pendientes, y discusiones sobre quién debe mantenerlo. Un aluvión tarda entre 36 y 70 minutos en bajar. La diferencia entre una sirena que suena y una que no es toda la diferencia que hay.

Qué puedes hacer tú, hoy

  • Si vives en Huaraz o en el Callejón de Huaylas, aprende dónde está tu zona segura y por qué calle subes. El mapa de riesgo lo están actualizando este mes el INAIGEM, la municipalidad y el gobierno regional.
  • Haz el experimento de la tina con tus hijos: una bandeja de agua, un muro de arena, un ladrillo desde arriba. Es Palcacocha en treinta segundos, y se entiende mejor que cualquier gráfico.
  • Si vives cerca de cualquier laguna de montaña en los Andes, pregunta si está en el inventario de riesgo de tu país. Perú publica el suyo; Chile y Argentina están construyendo los suyos.
  • Cuando leas "la laguna se desbordó", corrige mentalmente: algo cayó en la laguna. Cambia dónde miras.

La gente que mantiene la tina a raya

Hay un vigía que vive junto a Palcacocha y mide el nivel del agua todos los días. Se llama Víctor Morales y es, literalmente, el primer sensor de Huaraz. Detrás de él están los ingenieros del INAIGEM, gente como Juan Carlos Torres, que calculan escenarios de olas para que el mapa de la ciudad tenga sentido, y los operarios de los sifones, que mantienen unas mangueras a 4.500 metros de altura para que la laguna tenga siempre un metro más de margen.

Y hay un agricultor y guía de montaña de Huaraz, Saúl Luciano Lliuya, que en 2015 demandó a la eléctrica alemana RWE en Alemania porque, dijo, sus emisiones eran parte de lo que llenaba la laguna sobre su casa. Perdió: el Tribunal Superior de Hamm decidió en mayo de 2025 que el riesgo para su vivienda no era lo bastante inminente. Pero el mismo tribunal dejó escrito que un gran emisor puede ser responsable civilmente por un riesgo climático concreto. Fue la primera vez que un tribunal dijo eso. Diez años de proceso para mover una frase.

De eso hablé cuando escribí sobre la resiliencia y la perseverancia, y de eso va, también, por qué tiembla tanto en Latinoamérica: la montaña hace lo suyo, y la gente decide qué hacer con lo que sabe.

¿Qué laguna, río o ladera cuelga sobre tu ciudad, y quién la está mirando?

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1 comentarios

  • Olga

    El río San Francisco (o río Vicachá) y las laderas de los cerros de Monserrate y Guadalupe. Solo son mirados por el turista, muy triste. No hay una administración adecuada ni cuidado meritorio.

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