¿Desapareció el 95 % de la fauna de Latinoamérica? Planeta Vivo

El 7 de octubre, WWF presentó en Lima su Informe Planeta Vivo 2026. La cifra que dio la vuelta al mundo fue esta: entre 1970 y 2022, el tamaño de las poblaciones de animales vertebrados monitoreadas en el planeta cayó, en promedio, 73 %. Y en América Latina y el Caribe la caída fue de 95 %, la peor de todas las regiones. En África fue de 80 %, en Norteamérica de 28 % y en Europa y Asia Central de 23 %.

Al día siguiente vi titulares que, leídos rápido, sugerían que la región había perdido el 95 % de su fauna. Si eso fuera cierto, de cada cien animales que había en 1970 quedarían cinco. Piénsalo un segundo: ¿quedan cinco de cada cien pájaros en tu ciudad? ¿Cinco de cada cien peces en el río de tu pueblo?

La pregunta es esta: ¿qué mide de verdad ese 95 %, y por qué no es lo mismo que decir que desapareció casi toda la fauna?

¿Qué es el Índice Planeta Vivo?

La cifra sale del Índice Planeta Vivo, que elabora la Sociedad Zoológica de Londres. La investigación del índice la dirige allí Louise McRae. Para esta edición juntaron 35.803 series de datos de 5.790 especies de mamíferos, aves, anfibios, reptiles y peces.

Cada serie es una población: un grupo concreto de animales que alguien contó durante años. Los delfines de un lago de la Amazonía, las ranas de una quebrada, las tortugas que anidan en una playa. Para cada una, el índice calcula cuánto cambió en porcentaje desde que empezaron a contarla. Luego promedia esos porcentajes.

Fíjate en la palabra: promedia porcentajes, no animales. El índice no suma cuántos animales había y cuántos quedan. La propia WWF lo aclara: una caída de 73 % no significa que haya desaparecido el 73 % de la fauna.

¿Por qué un promedio de porcentajes engaña?

Hagamos el ejemplo que usó Hannah Ritchie, de Our World in Data, para explicar el índice. Son dos poblaciones de rinoceronte negro, contadas entre 1980 y 2017.

En Tanzania pasaron de 3.795 a 160. Una caída de 96 %. En Botsuana pasaron de 30 a 50. Una subida de 67 %. En total había 3.825 rinocerontes y quedaron 210: se perdió el 95 % de los animales. Pero el índice, que promedia los cambios de cada población, da una caída de 74 %.

Es decir, en este caso el índice subestima la pérdida de animales. En otros casos la exagera. Un promedio de porcentajes trata igual a una población de 30 animales y a una de 3.795. Es como calcular cuánto ganó tu familia promediando el porcentaje que subió el sueldo de cada uno, sin mirar quién gana cuánto.

Eso tiene una consecuencia que vale la pena ver con números. Supón que una población de ranas pasa de 1.000 a 10 animales: cae 99 %. Para que el promedio se compense, harían falta muchas poblaciones que suban con fuerza, porque una subida de 99 % ni siquiera duplica una población. Una sola población que colapsa pesa mucho en el promedio, aunque tenga pocos animales. Por eso el índice es muy sensible a los desplomes.

Hay un segundo detalle, más sutil. Imagina que tu sueldo sube 50 % un año y baja 50 % el siguiente. No quedas igual: quedas con el 75 % de lo que ganabas. Las subidas y las bajadas en porcentaje no se cancelan. El índice usa un tipo de promedio que tiene en cuenta eso, la media geométrica, y ahí empieza el debate.

¿Entonces el 95 % está mal?

No exactamente. Y aquí está lo que me parece más interesante de toda esta historia: el 95 % no dice que casi toda la fauna desapareció; dice que en la región hay poblaciones que colapsaron con una violencia que no se ve en ningún otro lugar.

En 2020, un equipo encabezado por Brian Leung publicó en la revista Nature un análisis de los mismos datos. Encontraron que si se quita apenas el 2,4 % de las poblaciones que más caen, el índice global queda cerca de cero. La caída no está repartida por igual: está concentrada en grupos de poblaciones que se desplomaron.

En 2024, Anna Toszogyova y sus colegas de la Universidad Carolina de Praga fueron más lejos. En Nature Communications mostraron que la forma de calcular el índice tiende a marcar una caída incluso cuando las poblaciones que suben y las que bajan están equilibradas. Con sus correcciones, el promedio global quedaba indistinguible de cero. Pero ellos mismos advierten que faltan datos justo en las regiones más transformadas, donde los declives reales pueden estar escondidos.

Piénsalo como una clase con cuarenta estudiantes. Si el promedio de notas se desploma, puede ser que todos bajaron un poco, o que cinco reprobaron todo. Las dos cosas son un problema, pero no se arreglan igual. Lo que estos trabajos sugieren es que se parece más a lo segundo: hay lugares y especies donde el daño es enorme.

¿Por qué Latinoamérica cae más que nadie?

Según el informe, en la región pesan la conversión de bosques, pastizales y humedales, las represas en los ríos y la sobreexplotación de especies. Y, con más fuerza que en otras partes, el cambio climático y las enfermedades.

Las especies de agua dulce son las más golpeadas en el mundo, con una caída promedio de 85 %. En la edición de 2024, el informe señalaba que en Latinoamérica los descensos más fuertes estaban en peces de agua dulce, reptiles y anfibios. Esos grupos viven en ríos y quebradas que se represan, se secan o se contaminan. Muchas ranas, además, han sido arrasadas por un hongo que se extendió por el mundo.

Y hay un problema de datos que vale la pena decir en voz alta. En la edición de 2024, el índice regional se basaba en unas 3.900 poblaciones. Para una de las regiones con más especies del planeta, es poco. Europa y Norteamérica están mucho mejor contadas. Los trópicos, donde está la mayor diversidad, siguen subrepresentados.

Lo que no sabemos

No sabemos con precisión cuántos animales perdió la región. Ningún índice lo mide, y este tampoco pretende hacerlo. Tampoco hay acuerdo entre los científicos sobre la mejor manera de calcular la tendencia promedio. Desde 2020 se han publicado varias críticas y propuestas de corrección, y la discusión sigue abierta.

En mi opinión, ese debate no le quita fuerza a la alarma. La cambia de lugar. Si la caída es pareja, el problema es difuso y casi imposible de atacar. Si la caída está concentrada, sabemos dónde mirar.

Qué puedes hacer tú, hoy

  • Lee la cifra completa. Cuando veas "perdimos el 95 % de la fauna", busca la palabra "poblaciones monitoreadas" y la palabra "promedio". En el método en cuatro pasos para detectar noticias de ciencia falsas hay más trucos como este.
  • Desconfía de los porcentajes sin base. Como en la historia de los centenarios de Japón, un número bien medido puede contar una historia distinta a la del titular.
  • Cuenta animales. Proyectos de ciencia ciudadana como los conteos de aves de fin de año o las plataformas de registro de fauna convierten tus fotos en datos. La región necesita más series, y tú puedes aportar una.
  • Pregunta por el agua. Si en tu región se discute una represa o un relleno de humedal, esa es la conversación donde se decide buena parte de este número.

Las personas que cuentan

El informe trae también buenas noticias. Los tigres pasaron de unos 3.200 en 2010 a unos 5.700 en 2025. La tortuga verde salió en 2025 de la categoría "En peligro" de la Lista Roja. El atún rojo se recuperó de la sobrepesca. Kirsten Schuijt, directora general de WWF Internacional, lo resumió así: esas recuperaciones muestran lo que pueden lograr años de esfuerzos colectivos.

Detrás de cada una de las 35.803 series hay alguien que fue al río, a la playa o al bosque, año tras año, a contar. Y detrás del debate sobre qué significa el número hay científicas como Louise McRae, que dirige el índice, Anna Toszogyova, que lo cuestionó, y Hannah Ritchie, que lo explicó para todos. Así funciona la ciencia: alguien mide, alguien duda, y el número mejora.

Como pasó con el chigüiro fósil que delató que Atacama tuvo agua, a veces una sola serie bien contada cambia lo que creíamos saber de un lugar.

¿Qué animal de tu región crees que nadie está contando? Escríbelo en los comentarios.

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